Las tres últimas administraciones del Gobierno Federal, incluida la actual, han querido manejar a México como si fuera un partido politico, y han orientado sus intereses hacia el bienestar de sus respectivas agrupaciones y no por los mexicanos, lo que trae como consecuencia que el país no avance, que se desaprovechen las oportunidades que brinda el nearshoring, que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del país sea casi cero, y que se retrase el pago de la Pensión a los Adultos Mayores porque el dinero ya no les alcanza; que sean acusados de estar coludidos con el crimen organizado y por si fuera poco, que ni siquiera se haya renovado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, conocido actualmente como T-MEC y que por el contrario, la vigencia de este acuerdo se tenga que revisar cada año.
Los últimos dos partidos políticos que fueron aprobados por el Instituto Nacional Electoral (INE) uno de ellos fuertemente vinculado a Morena, fueron sorprendidos haciendo trampa para obtener el registro y aun así fueron aprobados, lo que refleja fielmente la podredumbre que existe en el sistema político mexicano.
Así que cual confianza se les puede tener a las nuevas agrupaciones políticas si obtuvieron su registro con engaños, que certeza tiene el pueblo de México, de que cumplan sus promesas de campaña si recurrieron a la falsedad para obtener sus propósitos.
Ahora que México ha sido eliminado de la Copa del Mundo FIFA 2026, en que viene la resaca de la euforia futbolera, cuando al fin se han disipado las cortinas de humo, conviene analizar la gran pérdida que México ha tenido con la no renovación del T-MEC.
Sin maquillajes hay que decir que la no renovación del T-MEC afectará con dureza al sector energético, y su revisión anual causará incertidumbre en los nuevos proyectos de inversión y cooperación en hidrocarburos y energías limpias, en manufactura habrá riesgos para la industria automotriz y sus cadenas de suministro y en agricultura habrá efectos negativos en exportaciones clave como maíz, aguacate y carne. Y eso, es sólo el principio.




