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México: dependencia crítica del gas natural estadounidense

Autor: Ramses Pech – Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos

A partir de un análisis realizado sobre la creciente dependencia de México del gas natural proveniente de Estados Unidos, desarrollamos cinco escenarios hipotéticos para explorar qué podría ocurrir entre 2026 y 2050 si se mantienen las tendencias actuales de producción, consumo, exportaciones de GNL (gas natural licuado) y demanda mexicana.

No se trata de pronósticos, sino de ejercicios analíticos que permiten observar el comportamiento del sistema energético regional bajo distintos supuestos. La motivación es clara:

México carece de reservas estratégicas de gas, su producción de gas seco es insuficiente y sus sistemas eléctrico e industrial dependen de manera crítica del gas importado por ducto desde Texas. Ante esta vulnerabilidad estructural, resulta indispensable comprender cómo podrían evolucionar las condiciones externas que determinan el suministro hacia el país.

El análisis comprende cinco escenarios. Escenario 1: Estados Unidos incrementa su producción hasta un punto medio de 142,000 MMpcd (millones de pies cúbicos diarios) en 2050, pero ese crecimiento no garantiza que México reciba los volúmenes requeridos.

Escenario 2: la producción estadounidense permanece en el nivel de 2026, por lo que los recortes a México aumentan conforme crecen las exportaciones de GNL.

Escenario 3: Estados Unidos eleva su producción sólo para cubrir el crecimiento del GNL;  los envíos a México se mantienen constantes, aunque persiste un diferencial estructural sin fuente identificada.

Escenario 4: el consumo interno estadounidense aumenta con mayor rapidez e incorpora un ajuste ilustrativo asociado a ERCOT (Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas, en español), lo que eleva la producción requerida y ejerce más presión sobre la disponibilidad para México.

Escenario 5: también crece la demanda mexicana de gas, de modo que Estados Unidos debe producir más para atender simultáneamente su consumo interno, el GNL y los envíos por ducto hacia México.

En el escenario 1, la producción estadounidense aumenta de 110,700 MMpcd en 2026 a 142,000 MMpcd en 2050. Este punto medio se basa en el rango de 133,000 a 151,000 MMpcd resumido para la mayoría de los casos del AEO 2026 (Informe Anual de Perspectivas Energéticas, en español). Sin embargo, durante el mismo periodo, el consumo interno también crece: pasa de 93,200 a 132,608 MMpcd, mientras las exportaciones de GNL suben de 17,400 a 33,800 MMpcd. Como resultado, el volumen por ducto disponible para México, que comienza en 6,675 MMpcd, cae a cero en 2030 y permanece en ese nivel hasta 2050. El análisis lo expresa con claridad:

“En el punto proyectado de 2030, el volumen disponible para México ya es cero. Persiste un déficit.”  

Para 2050, la brecha incremental total alcanza 25,838 MMpcd: un faltante mexicano de 8,005 MMpcd y un déficit restante de 17,833 MMpcd. El escenario demuestra que, incluso con una producción creciente, Estados Unidos no puede cubrir al mismo tiempo sus usos internos, el GNL y los envíos a México. La dependencia mexicana queda plenamente expuesta: sin reservas estratégicas, almacenamiento ni producción nacional suficiente, el país carece de mecanismos propios para enfrentar y amortiguar un corte externo de suministro.

El escenario 2 resulta aún más revelador. La producción estadounidense se mantiene fija en 110,700 MMpcd durante todo el periodo. Si el GNL crece, como proyecta la EIA (Administración de Información Energética, en español), los envíos a México disminuyen automáticamente. Para 2050, el volumen por ducto cae a 2,575 MMpcd, más de 60% por debajo del nivel de 2026.

El análisis precisa: “Recorte supuesto: 25% del aumento del GNL. El 75% restante requiere otros ajustes.” Bajo este supuesto, el crecimiento del GNL afecta primero a México. El país no dispone de reservas estratégicas para amortiguar el impacto, de producción nacional capaz de sustituir el gas importado ni de un sistema de almacenamiento que cubra días o semanas de interrupción. La vulnerabilidad es total.

Si Estados Unidos prioriza sus exportaciones de GNL por razones comerciales, geopolíticas o de mercado, México quedaría sin suministro suficiente para la generación eléctrica, la industria y el transporte.

La limitada producción mexicana de gas seco agrava el problema: el país depende principalmente de gas asociado, ligado a la extracción de petróleo y sin capacidad de crecer de manera independiente. Por ello, México no puede elevar con facilidad su producción de gas, aun cuando lo necesite.

El escenario 3 plantea una situación más favorable: Estados Unidos incrementa su producción para cubrir el aumento del GNL. La producción requerida alcanza 127,100 MMpcd en 2050, un crecimiento de 14.81% respecto de 2026, lo que permite mantener los envíos a México en 6,675 MMpcd. Sin embargo, incluso en este escenario positivo, persiste un diferencial estructural de 6,575 MMpcd sin fuente identificada. El análisis lo define como “residual contable del año base, sin fuente de suministro identificada.” En otras palabras, aunque Estados Unidos produzca más y no reduzca los volúmenes destinados a México, el sistema conserva un faltante que no puede explicarse ni cubrirse.

Para México, la dependencia no desaparece: el país continúa sin reservas estratégicas, sin almacenamiento y sin producción suficiente de gas seco. Por ello, permanece expuesto a cualquier variación del mercado estadounidense, ya sea por clima extremo, mantenimiento de ductos, cambios regulatorios o tensiones geopolíticas. La vulnerabilidad subsiste porque México no tiene capacidad para sostener su demanda sin importaciones continuas.

El escenario 4 incorpora un elemento adicional: un mayor consumo interno en Estados Unidos y un ajuste ilustrativo asociado a ERCOT. Para 2050, el consumo interno alcanza 133,608 MMpcd y el GNL llega a 33,800 MMpcd. La producción requerida asciende a 167,508 MMpcd, es decir, 56,808 MMpcd más que en 2026. El análisis explica: “2050: 40,408 MMpcd más de consumo y 16,400 más de GNL requieren 56,808 más de producción.”

Aunque México mantiene los envíos por ducto en 6,675 MMpcd, la presión sobre la oferta estadounidense es enorme. Cualquier desviación —una ola de calor en Texas, un invierno severo en el noreste o un aumento inesperado del GNL— podría desplazar el gas destinado a México.

Sin reservas estratégicas, el país no tendría cómo responder a un evento de esta naturaleza. La dependencia se vuelve crítica porque el sistema eléctrico mexicano, en especial en el norte y el centro, necesita diariamente el gas importado para operar. Además, la falta de almacenamiento subterráneo implica que incluso una interrupción breve podría provocar apagones.

El escenario 5 añade un componente fundamental: el crecimiento de la demanda mexicana. El consumo de gas para electricidad aumenta 43 MMpcd por año hasta 2039, mientras el de la industria crece 1.3% anual. En consecuencia, el volumen por ducto hacia México pasa de 6,675 MMpcd en 2026 a 8,005 MMpcd en 2050. Para atender este incremento, Estados Unidos debe alcanzar una producción de 167,838 MMpcd en 2050, 57,138 MMpcd por encima del año base.  El análisis señala: “2050: México requiere 1,330 MMpcd adicionales por ducto. La producción de EE. UU. llega a 167,838.”

El escenario demuestra que, si México crece, también aumenta su dependencia del gas estadounidense. Sin producción nacional suficiente de gas seco, almacenamiento ni reservas estratégicas, el país queda sujeto a la disponibilidad estadounidense. Si Estados Unidos enfrenta tensiones internas o decide priorizar el GNL, México carece de alternativas inmediatas. La vulnerabilidad aumenta porque el crecimiento económico mexicano depende de un insumo cuyo suministro no controla.

En conjunto, los escenarios muestran que México está expuesto a tensiones externas sobre las que no tiene control. La ausencia de reservas estratégicas y la insuficiente producción de gas seco provocan que cualquier variación en la oferta estadounidense se convierta directamente en un riesgo para la seguridad energética nacional.

Los cinco escenarios conducen a una conclusión contundente: México no controla plenamente su seguridad energética. El país depende de decisiones externas —la producción estadounidense, las exportaciones de GNL, el consumo interno de Estados Unidos y la sensibilidad del sistema eléctrico de ERCOT— y carece de mecanismos propios para amortiguar un choque.

La ausencia de reservas estratégicas es crítica. Mientras Japón, Corea del Sur y diversos países de la Unión Europea mantienen almacenamiento suficiente para varias semanas o meses, México no cuenta con capacidad para sostener siquiera 48 horas de demanda nacional sin importaciones. A ello se suma la insuficiente producción de gas seco: los campos mexicanos generan principalmente gas asociado, cuya disponibilidad depende de la extracción de petróleo y no puede crecer de forma independiente.

En consecuencia, México no puede aumentar con facilidad su producción de gas, aun si las circunstancias lo exigen.

Los escenarios confirman que la vulnerabilidad no es hipotética, sino estructural. México necesita construir reservas estratégicas de gas, desarrollar almacenamiento subterráneo, incrementar la producción de gas seco y diversificar sus fuentes de suministro. Sin estas medidas, la dependencia del gas estadounidense continuará creciendo y la seguridad energética del país se debilitará cada vez más.

El tiempo para corregir esta fragilidad se agota: cada año de inacción encarece la solución, amplía el riesgo y compromete el futuro económico, industrial y eléctrico del país entero.

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