Entre mares de sal, óperas desgarradoras, jazz con raíces mexicanas y paisajes multimedia, el Festival Internacional Cervantino vivió jornadas donde la música y la reflexión social se entrelazaron en los escenarios guanajuatenses.
Las jornadas de la edición 54 del Festival Internacional Cervantino (FIC) se mantuvieron marcadas por la experimentación, la memoria y la fuerza de las voces contemporáneas. Los recintos históricos de Guanajuato se convirtieron en plataformas donde el arte dialogó con las heridas del pasado, los dilemas del turismo y la reinvención de las tradiciones.
Voces multimedia y territorios de sal
La experimentación sonora se apoderó del Templo de la Compañía con la presentación de México multimedia a cargo del Ensamble A Tempo, bajo la dirección de Enrique Eskeda. El concierto fusionó la percusión de Iván Manzanilla con la exploración tecnológica de Rodrigo Sigal y los visuales en tiempo real de Edmar Soria, creando una experiencia escénica donde el sonido transformó las pantallas en materia viva.
Por su parte, el Teatro Principal se transformó en un conmovedor territorio de memoria y resistencia con Sea of Silence (Mar de silencio), creada por la activista y coreógrafa uruguaya Tamara Cubas. Sobre un escenario cubierto de sal —evocación de lágrimas y heridas—, intérpretes de Brasil, Chile, Egipto, Indonesia, México, Nigeria y Uruguay tejieron un diálogo polifónico en diversos idiomas para abordar la migración, el mestizaje y la autonomía corporal.
Ópera profunda y jazz con identidad
El emblemático Teatro Juárez recibió una de las propuestas líricas más intensas del festival: Adriana Mater, de la compositora finlandesa Kaija Saariaho y el libretista Amin Maalouf. Esta obra desgarradora sobre la guerra, la maternidad y la violencia generacional contó con la participación del Estudio de la Ópera de Bellas Artes y la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata, en una producción conjunta entre la Secretaría de Cultura federal, el INBAL y la UNAM.
En la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas, la Orquesta Moderna dirigida por Rossino Serrano demostró que “el jazz también es música mexicana”. Acompañados por las voces e instrumentos de figuras como Iraida Noriega y Alex Mercado, el ensemble reinterpretó desde la obra romántica de Armando Manzanero hasta la fusión experimental de Eugenio Toussaint.
Reflexión comunitaria en el escenario
La programación también abrió espacio para examinar las problemáticas contemporáneas con la llegada de la Compañía Opcional al Teatro Cervantes. A través de la docuficción Existen muchas formas de llegar a la costa, dirigida por Aristeo Mora con dramaturgia de María Cecilia Guelfi, se examinaron los estragos del turismo masivo y exacerbado en los ecosistemas del litoral de Nayarit, dejando en el público una profunda sensación de nostalgia por los paraísos modificados.
Con estas presentaciones, el FIC reafirmó su vocación como un punto de encuentro fundamental para la circulación y la proyección artística internacional.




