Este año, los colectivos de madres buscadoras cumplen 16 años de buscar a sus hijos y el crimen organizado ha masacrado a muchas de ellas para que se callen y dejen de armar escándalos, pero a pesar de todo ellas siguen con su lucha pues es más grande el anhelo de buscar a sus hijos desaparecidos entre matorrales, fincas abandonadas o recuperadas por La Marína y El Ejército, fosas clandestinas y hasta en centros de exterminio disfrazados de granjas de agricultores, como fue el caso del Ranch Izaguirre, donde estas abnegadas mujeres descubrieron, no solo osamentas humanas calcinadas y clandestinos hornos crematorios, sino decenas de prendas de ropa de hombres y mujeres, credenciales de elector y hasta más de 400 pares de zapatos, lo que confirma en los hechos, las barbaries que ahí se cometieron, sin que hasta el momento se hayan encontrado culpables ni materiales ni intelectuales de tales atrocidades, que a pesar de todo se siguen cometiendo en muchos estados de la República y las autoridades se hacen de la vista gorda..
Han sido 16 años de afanosa búsqueda, donde las madres buscadoras han aprendido a identificar la ubicación de fosas clandestinas, guiadas en parte por el amor a sus hijos, basta con recordar a Rosario Ibarra de Piedra, cuando con pancartas en la mano exigía a los gobiernos en turno la localización de su hijo desaparecido, conocido como “Rafita”, a quien los gobiernos del PRI acusaban de pertenecer a la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Hoy la hija de Rosario Ibarra de Piedra, Rosario Piedra, funge como presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), pero esta funcionaria prácticamente se ha olvidado de las madres buscadoras, no obstante haber sido reelecta para un segundo periodo al frente de dicha comisión, y de haber sido en su momento víctima de la violencia que azota al país. ni que su madre haya sido la primera madre buscadora reconocida como tal por el propio gobierno de MORENA.
Recientemente, las madres buscadoras fueron reprimidas brutalmente por la Policía capitalina, cuando protestaban por la desaparición de sus hijos en las inmediaciones del Esadio Ciudad de México, conocido anteriormente como Azteca, para llamar la atención de la comunidad internacional que ahí se congregó para presenciar junto con los aficionados mexicanos, la inauguración del Campeonato del Mundo, FIFA 2026, imágenes de represión que en pocas horas le dieron la vuelta al mundo y donde la titular de la CNDH nada hizo por defenderlas, pero así están las cosas hoy en día en México. Defender la vida frente a un delincuente, nos puede costar a los ciudadanos comunes muchos años de cárcel, porque los sicarios pueden andar armados y hasta protegidos por las policías municipales, pero los ciudadanos no.
A partir del año 2000, con el inicio de la guerra contra el narcotráfico, aumentaron las desapariciones de personas en México, y a partir del año 2006 lo hicieron de manera exponencial y entre los años 2010 y 2011, surgieron los primeros colectivos de madres buscadoras, en estados como Veracruz, Sinaloa y Sonora. y en 2011 por vez primera se efectuó la Marcha de la Dignidad Nacional, misma que cada 10 de mayo se efectúa en la Ciudad de México y en el año 2014 la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural, Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, visibilizó aun más en la Opinión Pública la crisis de desapariciones y se fortalecieron los colectivos de madres buscadoras.
En 2019 Cecilia Flores funda el colectivo Madres Buscadoras de Sonora y hoy en día es uno de los más reconocidos a nivel nacional y aunque muchas de sus integrantes han sido atacadas por el crimen organizado, ellas no ceden y es tal la preocupación que estas madres buscadoras han causado en los líderes de los principales carteles de la droga, como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que entre los años 2022 y 2023, al menos ocho mujeres pertenecientes a estos colectivos han sido asesinadas y otras se han tenido que desplazar de sus lugares de origen a regiones más seguras, ante la criminal indiferencia de las autoridades locales.
Se calcula que es más de medio millón el número de personas que han sido desaparecidas por el crimen organizado en México, pero el Registro Nacional de Personas Desparecidas solo reconoce 128,000 personas, quizá sea por ello por lo que las autoridades reaccionan de forma tan violenta contra estas madres que lo único que pretenden es rescatar los cuerpos de sus hijos sin importar si fueron desmembrados, quemados, disueltos con ácidos o si los convirtieron en carne molida para alimentar a los perros de las casas de seguridad de estos carteles que han sido acusados de terroristas por el gobierno de los Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump, le ha advertido a la presidente de México, Claudis Sheinbaum, que no vacilará en ingresar por tierra a territorio mexicano para perseguir y desmembrar a los carteles mexicanos de la droga, lo que hace recordar cuando fuerzas estadounidenses se introdujeron al país, durante la Revolución Mexicana para perseguir al general Francisco Villa, quien había incendiado la ciudad norteamericana de Columbus. Desde aquí expresamos nuestro respaldo y solidaridad a los colectivos de madres buscadoras que cumplen 15 años de buscar incansablemente a sus hijos.




